Sergio Romo.

SCOTTSDALE, Arizona - Con su slider devastador y determinación de tirar sin miedo en cualquier situación, Sergio Romo ha desafiado las expectativas para colocarse entre los relevistas más destacados de Grandes Ligas.

Su ascenso culminó en octubre pasado, cuando el derecho le puso fin a una excelente postemporada con los Gigantes al ponchar al venezolano Miguel Cabrera para darle a San Francisco su segundo título de la Serie Mundial en los últimos tres años.

Ahora, el californiano de padres mexicanos asume el reto de encabezar el bullpen de la selección "tricolor" de béisbol en el Clásico Mundial de 2013.

"Para mí es muy especial y más para mis padres y mis abuelos", le dijo Romo a LasMayores.com. "Todos están contentos; el apoyo siempre está ahí de la gente mexicana. Tengo cinco años en Grandes Ligas tratando de enseñar el orgullo que tengo de ser mexicano y el estilo que yo tengo de jugar es mexicano, agresivo, confiado.

"Me gusta luchar para hacer el trabajo bien y quedar arriba. Estoy contento con esta oportunidad que me han dado."

En el 2012, Romo aprovechó a plenitud la oportunidad que se le presentó en el bullpen de los Gigantes. Considerado uno de los mejores preparadores de Grandes Ligas tanto en el 2010 como el 2011, el diestro asumió el papel de cerrador del equipo a mediados de la temporada pasada y brilló con luz propia, registrando 14 juegos salvados en 15 oportunidades.

Luego de terminar la campaña con excelente efectividad de 1.79 y 63 ponches en 55.1 innings, Romo dominó por completo en la postemporada, ayudando a San Francisco a coronarse campeón con promedio de carreras limpias de 0.84 y cuatro juegos salvados-incluyendo tres en la Serie Mundial contra Detroit-en 10.2 entradas lanzadas.

Definitivamente, Romo-quien con cinco pies y 10 pulgadas de estatura no tiene el físico prototípico del lanzador dominante de la pelota moderna-- ha llegado lejos para alguien que tuvo que luchar para establecerse a nivel universitario y finalmente ganarse poco a poco un espacio en la organización de los Gigantes.

"(Es) la confianza y la fe que tengo en mis habilidades", dijo Romo al explicar su progreso en el béisbol profesional. "No trato de hacer las cosas que no puedo. No tiro a 95 millas por hora, me quedo con mis 88, 90; me quedo con mis armas, mi mejor pitchada."

Hasta ahora su mentalidad le ha dado tremendos resultados, cuando se habla de un lanzador que en su carrera ha ponchado a 5.77 bateadores por cada boleto otorgado y ha promediado 1.9 base por bolas y 10.7 abanicados por cada nueve entradas.

En esta primavera, el manager de los Gigantes Bruce Bochy ha expresado cierta preocupación de cómo Romo manejará los altibajos de ser cerrador del club desde el principio de la temporada, ya que el derecho ha tomado muy a pecho los pocos malos momentos que ha vivido en el montículo con los campeones.

"No me gusta ser (alguien) con que no puedan contar mis compañeros", le dijo Romo a MLB.com el mes pasado. "Cuando soy duro conmigo mismo, también soy honesto conmigo mismo. Sí espero mucho de mí. Siento que no estaría aquí si así no fuera."

Ahora bien, antes de reanudar la tarea de ser taponero de los Gigantes, a Romo le espera el reto de representar el país de su familia. Su padre es de Aguascalientes y su madre es oriunda de Mexicali. Es ahí-cerca de su pueblo natal de Brawley, California-donde Romo jugó mucho béisbol infantil y más adelante con los Aguilas de Mexicali.

"(Mi familia) tiene rato esperando esta invitación para mí para (lanzar por a selección mexicana)" relató el diestro de 30 años recién cumplidos.

Pase lo que pase, es difícil que a Romo se le quite la sonrisa que parece siempre llevar con sus compañeros, incluyendo ahora con los demás integrantes del equipo mexicano del Clásico.

"Nunca se me ha olvidado que esto es un juego", afirmó. "Siempre me divierto, siempre llego al estadio bien contento, bien alegre no más por estar aquí y tener el uniforme que lleva mi apellido."