Pablo Sandoval, parte íntegra del ataque ofensivo de San Francisco. (AP)

Los Gigantes, diferente al 2010 y el 2012-cuando el equipo se coronó campeón--han arrancado de manera sólida esta temporada.

En los otros dos años antes mencionados, San Francisco tuvo inicios tambaleantes y durante largos trechos se vio como una escuadra mediocre. Pero de repente la tropa de Bruce Bochy ganaría unos cuantos juegos para mantenerse en la pelea.

Los Gigantes se encontraban en el cuarto lugar del Oeste de la Liga Nacional para el Juego de Estrellas del 2010 y no subió a la cima de la división hasta el juego número 156 de la temporada. Cuando ganaron esa primera corona en San Francisco, vieron la importancia de las cosas pequeñas que al final pueden resultar en algo grande, como un trofeo de campeón.

El gerente general Brian Sabean se vio brillante como siempre aquella campaña, subiendo a Grandes Ligas a Buster Posey el 29 de mayo y a Madison Bumgarner el 26 de junio. Una de sus adiciones vía la agencia libre, Aubrey Huff, fue clave en la recta final. Luego agregó a Cody Ross y al dominicano José Guillén para el último empuje.

Y claro, estaba todo ese pitcheo. Los mejores cuatro abridores de los Gigantes, encabezados por Tim Lincecum y Matt Cain, promediaron más de 200.00 innings lanzados entre ellos. El manager Bochy hizo el resto, con su magia de sacarle lo mejor a un bullpen.

En esta primavera, Bochy mencionó con cierta felicidad que su rotación ha sido tan buena desde hace cuatro años que no ha tenido que contar con un relevista largo.

Para el inicio de los playoffs del 2010, los Gigantes eran toda una maquinaria. Eliminaron a los Bravos en cuatro juegos, a los Filis en seis y ganaron su primera Serie Mundial como residentes de la Costa Oeste con una victoria sobre los Rangers en cinco partidos.

En el 2012, San Francisco estaba a 7.5 juegos de los Dodgers en el Oeste para finales de mayo. Para el 20 de agosto, ya estaban en la cima de la división de manera definitiva.

Lo especial de los Gigantes de Sabaen y Bochy es que nunca entran en pánico, sino que dejan que las cosas se den. En vez de hacer movimientos que acaparen los titulares, hacen tres o cuatro pequeños ajustes.

La temporada pasada, el primera base Brandon Belt y el torpedero Brandon Crawford se establecieron como titulares. Y luego le tocaba a Sabaen hacer más magia, con las adquisiciones del boricua Angel Pagán (en el invierno 2011-12), Hunter Pence (julio) y el venezolano Marco Scutaro (también para la recta final).

Pero todo empieza con el pitcheo. Cain y Bumgarner se combinaron para ganar 32 juegos y lanzar 427.0 entradas. Los Gigantes se vieron golpeados en dos momentos de los playoffs, perdiendo sus series ante los Rojos 2-0 y ante los Cardenales 3-1, sólo para remontar en ambos casos y luego barrer en cuatro juegos a los Tigres en la Serie Mundial.

Esta temporada ya se siente diferente. A esta altura los Gigantes tienen ocho juegos por encima de .500 (23-15) y una ventaja de dos partidos en el Oeste de la Nacional. Han anotado la tercera mayor cantidad de carreras en el Viejo Circuito, lográndolo más con dobles y triples que con jonrones.

Si responde el pitcheo abridor, el elemento que ha llevado a San Francisco a dos coronas, los Gigantes podrían ser invencibles. Al barrer a los Bravos el fin de semana pasado, Lincecum, Bumgarner y Cain permitieron un total de tres carreras limpias en 22.0 innings. Con Barry Zito también lanzando bien, San Francisco podría volver a contar con la mejor rotación de Grandes Ligas.

Del lado ofensivo, Posey y el venezolano Pablo Sandoval han tenido buenos arranques de la temporada y, en este momento, el equipo se ve sin debilidades. Esta temporada ha iniciado tan diferente a las otras dos campañas de campeón de San Francisco que es imposible no anticipar otro octubre de los Gigantes contra los Cardenales. O tal vez sean los Nacionales o Bravos los equipos que tengan que medirse a los campeones en los playoffs. Sin importar eso por ahora, el AT&T Park de San Francisco se llena todas las noches y los Gigantes se ven como un equipo preparado para otro año bien especial.