Marco Scutaro. (Brad Mangin/Getty Images)

NUEVA YORK -- Por el cúmulo de logros y satisfacciones, el tramo final de la trayectoria de Marco Scutaro en Grandes Ligas ha sido el más dichoso para alguien que fue uno de los protagonistas de un documental sobre esos jugadores que son designados después de un canje.

"Las cosas pasan por algo", reflexionó Scutaro el lunes sobre su primera participación en un Juego de Estrellas.

La oportunidad llega cuando tiene 37 años de edad, en su 12ma campaña en las mayores y con su sexto club, los Gigantes de San Francisco.

Hace un año, Scutaro jugaba con los Rockies de Colorado, un equipo hundido en el sótano del Oeste de la Liga Nacional hasta que aparecieron los Gigantes para pujar por el título de la división en los últimos dos meses.

El segunda base venezolano acabó como el jugador más valioso de la serie de campeonato de su circuito y seguido se consagró en la Serie Mundial, en la que bateó el hit decisivo en el cuarto juego que completó la barrida ante los Tigres de Detroit.

"Sin él no hubiésemos ganado la Serie Mundial", dijo el manager de los Gigantes Bruce Bochy.

Tras la Serie Mundial, Scutaro firmó el contrato de su vida, al renovar por tres años y 20 millones de dólares con San Francisco.

"La mía es una historia que cuesta creer", dijo Scutaro. "Hace un año, estaba en un equipo que estaba último, así que si alguien llegaba a decirme, que ibas a terminar ganando la Serie Mundial y que vas a estar en un Juego de Estrellas, pues me estaban tomando el pelo".

"Tengo más de una década en las Grandes Ligas sin haber estado en un Juego de Estrellas", añadió Scutaro, quien fue seleccionado por Bochy. "Al final de mi carrera, poder vivir esta experiencia es única y especial".

Pese a padecer varias dolencias en la primera mitad de la campaña, incluyendo una lesión en el dedo meñique de la mano izquierda en junio, Scutaro aparece entre los 10 primeros de la Nacional con su promedio de .318 y con 33 juegos en los que ha conectado más de un hit. También acumula 22 carreras remolcadas, 37 anotadas y .367 de embasado. Y es el segundo bateador más difícil de ponchar en las mayores (24 ponches en 320 turnos).

"Siento que todo el esfuerzo que yo he hecho todos estos años ha valido la pena, que no fue en vano", señaló Scutario. "Este es el mejor premio después de todos estos años, tras todos los sacrificios y todo lo que tuvo que pasar".